1991 – Excmo. y Rvdmo. Sr. Carmelo Borobia Isasa – Obispo Auxiliar de Zaragoza
SALUDO
¡La paz esté con vosotros!
Este es el saludo de Jesús resucitado a sus discípulos. Y estas son las palabras que la liturgia pone en boca del Obispo para saludar a la asamblea cristiana cuando, presidida por él, se reúne a celebrar la Eucaristía.
La paz es el gran don que el resucitado ofrece a los hombres redimidos del pecado y de la muerte. Es el gran signo de la llegada inmediata del Reinado de Dios anunciado por Jesús.
Paz para la personas tantas veces angustiadas e inquietas; paz para las relaciones humanas afectadas por mil formas de violencia paz para el mundo nuevo. Paz que posibilite la convivencia y el caminar fraterno de la humanidad; paz interior para que cada ser humano pueda abrirse a la inefable trascendencia, tenga las condiciones necesarias para escuchar la palabra de salvación y ser
capaz de «guardarla en su corazón» para que le transforme auténticamente.
Esto es lo que yo deseo para vosotros esta tarde. Por eso mi saludo a esta gran asamblea no puede ser otro que:
¡La paz esté con vosotros!
¡Paz a vosotros! hermanos sacerdotes que con vuestro ministerio acompañáis en su caminar a las distintas Cofradías.
¡Paz a vosotros! autoridades que nos honráis con vuestro respeto y presencia.
¡Paz a vosotros! los que desde vuestros hogares seguís este acto gracias a las emisoras de radio.
¡Paz a vosotros! hermanos de las Cofradías Penitenciales de Zaragoza que en estos momentos comenzáis vuestro caminar en la Semana Santa de 1991.
¡Paz a vosotros! Sacerdotes y fieles de esta Parroquia de Santa Engracia que, con vuestra Cofradía de Jesús Camino del Calvario, nos acogéis, con
sencillez y amor, en vuestro bello e histórico templo.
EL MARCO
Junto con la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar, esta Iglesia de Santa Engracia conserva vivo el recuerdo de las más puras raíces de la fe en esta antigua ciudad de Zaragoza. Aquí reposan y reciben culto los Santos Innumerables Mártires que, en los albores de la era cristiana, testificaron con su propia vida la fe en Cristo muerto y resucitado. Ellos son ‘semilla de nuestra Je’ y ‘gloria de nuestra
Cesaraugusta’, como cantó el poeta y ha refrendado siempre el pueblo.
Buena elección ha sido la de este templo para proclamar el comienzo de la Semana Santa. Junto al recuerdo de los mártires, que ya han bebido el cáliz del Señor, es donde mejor se entiende la profundidad y la grandeza de la Pascua.
Así lo habéis comprendido vosotros y así lo entendió el Sumo Pontífice Adriano VI cuando en 1.522 -el año de su elección a la Cátedra de Pedro- de paso hacia Roma, quiso detenerse en nuestra ciudad para celebrar la liturgia del Ministerio Pascual aquí mismo, Junto a las Santas Masas.
EL PREGONERO
Me siento muy honrado de poder pronunciar este pregón. Vuestra invitación quiere expresar la comunión con toda la Iglesia diocesana y vuestra estima a sus pastores.
Pienso que esta tarde queréis escuchar la palabra del Obispo. Por eso no debéis esperar de mí ni el canto enfervorizado del poeta, ni la descripción detallada del cronista, ni el recuerdo erudito del historiador, ni el análisis estético del artista. En años anteriores, otros lo han hecho muy hermosamente usando esos lenguajes. Yo pretendo cumplir, ahora también, lo que es misión propia del
Obispo; anunciar el mensaje evangélico de la pasión y muerte del Señor, confirmar en la fe a mis hermanos, y exhortaros a una vida más plenamente cristiana.
MENSAJE
En el itinerario litúrgico de cada año, vamos caminando, en «este tiempo de gracia, en este día de salvación’ que es la Cuaresma, hacia la actualización celebrativa de la Pascua.
Aquella llamada que se nos hizo el Miércoles de Ceniza: «Convertíos y creed en el Evangelio’, se hace más perentoria y urgente en estos momentos en que estamos ya en el umbral de los días santos.
Al mismo tiempo que vestís vuestros hábitos de cofrades, tensáis los parches de vuestros bombos y tambores, ensayáis los toques de vuestras matracas y trompetas, adornáis vuestros pasos con flores y luces, limpiáis con respeto el rostro de vuestras veneradas imágenes; preparad también vuestros corazones para llegar a penetrar en toda la hondura del misterio salvador que celebramos y que vosotros, de forma muy especial, proclamáis por las calles zaragozanas. Tened los ojos atentos y el oído fino, para poder ver y escuchar el gran acontecimiento que ha transformado en profundidad al mundo y a su historia, con la redención del hombre.
Jesús recorrió los caminos de Judea y Galilea, haciendo el bien: a su paso los ciegos veían, los cojos caminaban, los leprosos quedaban limpios y los pobres escuchaban la Buena Noticia del Reino: ahora sube a Jerusalén, donde «entregado a los sacerdotes’ va a completar su misión salvadora. Sube a Jerusalén, porque junto al Templo, «La casa de su Padre’, ha de realizar el supremo acto del nuevo culto, «en espíritu y en verdad», que es la entrega total, que «es dar la vida por sus amigos’. Pero no termina todo aquí, con el sin sentido de la muerte, sino que ‘Dios lo ha resucitado, constituyéndolo Señor».
Esta es la Pascua. El verdadero paso salvador de Dios por la historia del mundo y por la vida del hombre. ¡Ahora todo es nuevo! El pecado y la muerte, ¡han sido vencidos! El hombre ha sido liberado del mal más profundo. Nace una nueva creación y un hombre nuevo. El amor es la ley. La fraternidad, el espíritu de toda relación humana. El seguimiento de Jesús, el único camino posible para la vida del hombre. La cruz empapada de sangre gloriosa, el único estandarte que puede encabezar la marcha peregrina de la humanidad hacia horizontes nuevos y eternos.
Este es el mensaje que nos ha convocado para esta tarde, para esta Semana Santa, pero, sobre todo, para toda vuestra vida. Este es el auténtico pregón que siempre debo proclamaros, como creyente y como Obispo. Esta es la Buena Noticia que acogida verdaderamente en nuestros corazones, transformará nuestras vidas y podrá cambiar nuestro mundo. Esta es la única realidad que
podemos celebrar con toda justicia, porque es el único acontecimiento auténticamente original y sorprendente de la historia de los hombres.
LA MISIÓN DE LAS COFRADÍAS
La Iglesia entera, a través de los signos litúrgicos va a celebrar en estos días la Pascua de Jesús, actualizando en el momento presente el misterio de la salvación. Pero la liturgia no agota su grandeza. Por eso la celebración se hará contemplación en la oración y proclamación misionera con la predicación.
Aquí entráis de manera muy destacada vosotros, hermanos cofrades de las Cofradías Penitenciales de la Semana Santa zaragozana, pues un año más o vais a transformar en comunicadores de Cristo, muerto y resucitado, por las calles de nuestra ciudad.
Vuestros desfiles procesionales son, principalmente, una catequesis viva que sale de los templos, donde habéis celebrado el misterio, y se desparrama por los barrios y calles de la urbe, para mostrar a los vecinos el dramatismo del acontecimiento con la plasticidad de las imágenes que lo recuerdan. Ayudáis así a que contemplemos con nuestros ojos el detalle de cada momento de la Pasión salvadora de Jesús, para que podamos interiorizarlo y en la novedad de cada año apreciemos el mensaje que nos quieren transmitir.
Tres elementos esenciales componen esta proclamación viva. Los tres unidos forman una sinfonía que se hace anuncio e interpelación para todo aquel que los quiera contemplar despierto:
l) El primero de todos, como siempre, es el elemento humano: vosotros, los cofrades. Aunque con vuestro rostro tapado en un anonimato comunitario, queréis ser los catequistas y testigos de la Pasión dolorosa, la Muerte incruenta y la Resurrección gloriosa de Jesús. El sonido estruendoso, aunque acompasado, de nuestros tambores y bombos convocará al pueblo para la contemplación del drama y acompañará en la meditación de la redención salvadora y de su contraste, que es nuestra vida pecadora. Los toques penetrantes de las trompetas nos invitarán al silencio exterior e interior, para que en un mundo de mido y prisa, interioricemos la única palabra verdadera: La Palabra que falta en un mundo de palabras. Pero, sobre todo, será nuestra presencia silenciosa y devota, acompañando a nuestros pasos con la oración continua, la que nos hablará del significado de las verdades profundas que nos presentáis como llamada a la nueva vida.
En cada una de vuestras salidas procesionales sois testigos para el mundo de la hondura y profundidad del misterio de Jesús y de la posibilidad de vivir en nuestro mundo como sus discípulos. Por ello, vestir cada Semana Santa vuestros hábitos penitenciales supone para vosotros mismos algo de suma importancia: es una llamada a la coherencia de la vida. Ser Cofrade pide adecuar la propia vida a las actitudes y sentimientos de Jesús, a quien durante unos días acompañáis en su camino de la Cruz. Ser testigos anónimos estos días santos, debe exigiros ser también testigos del Evangelio con la cara descubierta, en la cotidianeidad de la vida familiar, laboral, política y social.
2) En esta vuestra catequesis penitencial os servís de imágenes religiosas. Vuestros pasos artísticos, devotamente venerados y celosamente custodiados, son auténticas piezas catequéticas que se sitúan entre el expresionismo de las vidrieras de las grandes catedrales góticas y el simbolismo de la mejor diapositiva moderna. A través de los tiempos, incluso ahora, diversos artistas han plasmado no sólo cada escena de la Pasión, sino también los sentimientos más profundos que se entrecruzan en ella: el dolor, el amor, la entrega de Jesús, la ternura piadosa de la Virgen, la compasión de la Verónica, el odio y el sadismo de los verdugos.
La mirada del hombre que los contempla puede llegar fácilmente a identificarse con estos sentimientos, pero, además a captar y penetrar en el mensaje que manifiestan. Sois conscientes de la importancia que para nuestra misión catequética tiene la expresividad de vuestras imágenes. Y es de alabar el gran esfuerzo que cada año realizáis para su conservación -algunas veces en
situaciones muy precarias- y para darles un gran realce al sacarlas en nuestras procesiones: las luces artísticamente colocadas y la belleza de las flores, son un complemento que cuidáis con esmero y, en ocasiones, con gran sacrificio económico. Igualmente, en los últimos años, algunas de nuestras cofradías han querido contribuir al desarrollo del arte religioso y a la mayor expresividad
plástica de vuestras procesiones con la recuperación -y consiguiente restauración- de imágenes antiguas o el encargo de algún paso moderno. También en este sentido hay que felicitaros, por dos razones. Es muy loable que deseéis seguir en el empeño de enriquecer, hasta el detalle, la presentación que hacéis de la Pasión. Que todo se muestre para que todo sea mejor comprendido.
Pero además, estás recuperando y enriqueciendo el patrimonio artístico de la cultura religiosa. Igual que hicieron nuestros antepasados, vais a poder legar vuestra tradición de vivencia de la fe a las generaciones futuras. Y no podemos olvidar nunca que la fe se transmite siempre con la ayuda de una cultura religiosa que heredamos, guardamos y acrecentamos actualizándola.
3) Por último, hay un tercer elemento que configura vuestra aportación a la Semana Santa. Vosotros convertís las calles de la ciudad en púlpito continuado y permanente. Habéis entendido que vuestro testimonio personal y la fuerza expresiva de vuestras imágenes, necesitan de la palabra directa para la proclamación íntegra y significativa del mensaje. El camino de la cruz, con sus
actitudes profundas y sus interrogantes existenciales, va a ser proclamado estos días en decenas de Viacrucis recorridos por nuestras calles. [o mismo ocurrirá con otras escenas de la Pasión que tendrán su sermón peculiar: el Encuentro de Jesús con su Madre en la vía dolorosa, la Cena eucarística con su mandato de amor, los Dolores y las Lágrimas de María, la Agonía, las Siete Palabras, la Soledad y, como complemento gozoso, el otro Encuentro del Cristo gloriosamente resucitado con su Madre corredentora.
En esta sociedad en que tan poco se habla de Dios queréis presentar públicamente a la persona de Cristo como alguien que puede dar sentido a la vida humana también en el Siglo XX. Vuestros predicadores no os van a hablar de un personaje del pasado, sino de alguien vivo y cercano que desde su amor en la Cruz desea marcar los pasos de una vida más plena. Vosotros vais a ser los
primeros en escuchar atentamente este mensaje que da sentido a vuestra penitencia en la Cofradía. Poneros ya en actitud de escucha, sumergiros en las palabras, dejaros interrogar por ellas, buscad su significado profundo, intentad dar una respuesta coherente. Y después, recogeros en oración, mientras seguís caminando, para que, iluminados por esa Palabra, contempléis sosegadamente la grandeza del amor de Dios. A ello os ayudará el sonido de tambores, y la respuesta del pueblo emocionado por el rumor de nuestros pasos en las calles. No perdáis la costumbre de la predicación callejera en la Semana Santa. Hace mucho bien al pueblo y a vosotros mismos cuando esta acción evangelizadora os mueve a una escucha libre y acogedora.
CONCLUSION: ANIMACION
Regresamos ahora a la entrañable Iglesia de San Cayetano. Es ella el centro de la Semana Santa popular que anima vuestras Cofradías. Yo querría que volviésemos todos con el alma gozosa y serena porque hemos tomado conciencia de nuestra misión en estos días. Pero al mismo tiempo, desearía que en el camino siguiesen resonando en vosotros mis palabras para que penetréis en la
responsabilidad personal y corporativa que como testigos del Misterio Pascual de Cristo asumís en esta Semana Santa.
La Iglesia diocesana os considera evangelizadores y catequistas en medio de nuestro pueblo y por nuestras calles. Y es por ello por lo que os pide que seáis los primeros en poneros en actitud de camino nuevo, de conversión. Muchos kilómetros vais a hacer a paso lento por las calles zaragozanas, que sean signo de vuestro caminar interior hacia los senderos que nos conduce el seguimiento de Jesús.
Que la ilusión que ponéis en la vivencia de [a Semana Santa os conduzca a vivir con ilusión, la cotidianeidad del resto del año. Que las actitudes y sentimientos de Cristo y de su Madre que con tantos títulos veneráis os muevan a una vida nueva. Esta es, como seglares, vuestra primera tarea de evangelización en el mundo.
La cruz del Señor, su gloriosa resurrección, la presencia dolorosa pero firme y esperanzada de María y el testimonio de nuestros mártires os impulsen en vuestro caminar. Hermanos, caminemos en paz
